domingo, 26 de abril de 2015

El pintor Solana en las Ventas del Espíritu Santo


No hace mucho que supimos de la existencia de este cuadro del pintor José Gutiérrez Solana dedicado a las Ventas. Y más recientemente hemos leído que eran frecuentes sus visitas a la zona, por lo que decidimos investigar sobre el asunto. No sólo aparece en sus cuadros, sino que la zona de las Ventas lo hace también mucho en sus escritos. Y es que Solana fue también un gran escritor que supo retratar los aspectos más sórdidos y populares del país en su serie de "La España Negra" y, más en concreto, de Madrid en dos libros: "Madrid, escenas y costumbres" (publicado en dos volúmenes, en 1913 y 1918, respectivamente) y "Madrid callejero" (de 1923).

Cuenta Ramón Gómez de la Serna (amigo y colaborador del pintor) que los hermanos Solana iban los domingos a las Ventas del Espíritu Santo en tranvía y que ese camino suponía un tránsito no sólo físico sino mental para Solana ya que descubría ese otro mundo que tanto le inspiraba.

La primera referencia a la zona es el capítulo que abre el primer tomo, de 1913, de "Madrid, escenas y costumbres", titulado "Baile chulo en las Ventas", donde refleja el ambiente de los bailes de la zona. Por entonces había multitud de merenderos y bailes en las cunetas que había desde el paso de Ventas hacia el río Abroñigal. Como cuenta Solana "Todos los establecimientos de la cuesta están llenos de gentes que beben y comen ; en las tiendas de comestibles se ven barreños de aceitunas, enormes barriles de escabeche, de arenques prensados, cajas con boquerones de Málaga. Hay también pescaderías, carnicerías con vacas y terneras abiertas por el vientre y cerdos boca abajo".


Imagen del puente de Ventas a principios del siglo XX y donde aparece el célebre merendero de La Gloriosa.

El pintor narra como "En los merenderos, desvencijados, de colores tristes, se ven grupos que comen y beben. Se oyen en todas estas tiendas los acordes de un piano de manubrio, que toca piezas del género chico". Pero lo que llama más la atención de Solana son los bailes, y aclara que "los hay de todas clases y categorías, desde aquel en que bailan señoritos calaveras, modistillas y horteras, hasta el más popular, en el que dan vueltas los soldados, las criadas y los guardias civiles". 


Juerga en las Ventas. Ilustración Española, 1912.

De entre los bailes, destaca (y hemos confirmado su existencia) "el del Tío Barriga", "un salón grande, muy obscuro, con dos o tres ventanas, por las que se ve un trozo de cielo y el paisaje triste; la techumbre, de armazón de maderas cruzadas en todos sentidos, sostenidas por columnas de madera que dividen el baile en compartimientos por vallas de madera, enclavadas en el suelo y pintadas de verde".  Y añade que "en este baile no hay soldados, ni señoritos, ni modistas, ni horteras de ningún ramo. [...] Aquí no baila más que la gente de pupila, los que se traen de calle a las mujeres, los chulos, los que tocan el organillo y no trabajan porque los mantienen las mujeres; las de la Fábrica de Tabacos, las cerilleras, las chalequeras y las golfas de profesión".


"Baile de los chulos con guirnaldas" (Gutiérrez Solana) (Fuente)

En varias fuentes se habla de un cuadro del mismo título que refleja este capítulo sobre los bailes, y creemos que debe ser este "Baile de los chulos con guirnaldas".

El siguiente capítulo de ese mismo libro se titula "Una corrida de toros en Las Ventas". Por la fecha, 1913, no puede ser la Monumental, pero sí "La Taurina", llamada de las Ventas del Espíritu Santo y que se inauguró en 1905.


Cartel de 1922 de una novillada en la Plaza de Toros de las Ventas del Espíritu Santo.

Solana narra el ambiente de la plaza: "en los tendidos, que más parecen cajones, cuelgan las capas de los matadores, tres o cuatro capotes de lujo y algún que otro mantón de Manila de las presidentas" Y a continuación cuenta cómo se desarrolla la corrida, brutal: "Al darle un pase muy ceñido cae ante la cara del toro, que se contenta con darle una patada en la barriga. El diestro se levanta demudado, cagándose de miedo y cagándose a media voz en la madre del toro y en la madre de los espectadores. Ya con algo de canguis no piensa más que en librarse de su enemigo, y empieza a hacer barbaridades. Primero, coge las banderillas y le coloca un par en el morrillo, luego otro par en la panza y otro en los cuartos traseros, siendo éste el más aplaudido. Se envalentona con esto y escupe satisfecho. Cuando le entregan el estoque, se perfila para matar con mucha calma, tardando en la faena cerca de media hora, porque el toro, en el momento preciso, se vuelve un poco y lo echa todo a perder. Se prepara el matador de nuevo, y se tira a matar con coraje ; pero pincha en hueso, y el estoque sale por alto, y cae en la cara del toro, que tira un derrote, haciendo caer al torero, que se levanta en seguida, con la camisa llena de sangre del morrillo del animal. [...] El toro empieza ya a andar muy despacio, como aburrido; da vueltas a la plaza, mientras que todos meten el capote y se hacen muy valientes. [...] Grita entonces el matador, diciendo que le dejen solo, que él lo matará. Como ve que el animal está agonizando, se acerca y le da unos pases de pecho muy ceñidos. Aprovechando una vuelta del bicho, se tira a matar de una manera decidida y atraviesa a su enemigo, por las costillas, de parte a parte. Ante esta última y feroz acometida, el pobre toro se abre de patas y cae, echando un chorro de sangre como una fuente".


La Taurina en 1959. Foto de Santos Yubero (ARCM)

Es precisamente la plaza de la Taurina la que Solana retrata en su cuadro "Plaza de las Ventas" (1907), que es el que encabeza esta entrada, aunque no conocemos fotos tan antiguas de la plaza para confirmar el realismo de la obra de Solana.

En el capítulo 6, "Los pájaros fritos", Solana acude de nuevo a Ventas, donde se fija ahora en los cortejos fúnebres que cruzan el Puente de Ventas hacia la Avenida de Aragón para desviarse después hacia el cementerio del Este: "Por el paseo de Aragón pasaban coches de muerto, atravesando Pardiñas y las Ventas para ir al Este; coches derrengados, pintados de un barniz brillante con cenefa de un amarillo chillón, retocado con purpurina, llevando el ataúd formado de cuatro tablas, como los baúles que venden en el Rastro, forrado de paño negro mate, y ribeteada la caja de muerto con tachuelas doradas y una cruz enorme de color de tierra. Arrastran el coche de difunto dos viejos caballos blancos, con dientes enormes amarillos, temblando y hociqueando, con el cuello, largo, desprendido de aquel armazón de huesos, acariciando con las narices el piso fangoso, húmedo, lleno de charcas, turbias de cieno. [...] A cada momento, todos los días pasan por estos sitios coches de muerto, que van a dar con los huesos y la carne al pudridero del Este. Mezclándose con los simones que van a los merenderos y bailes de las Ventas, con los gritos del gentío, los trallazos de los cocheros y las blasfemias de los vivos".


Este ambiente de los cortejos fúnebres lo recreó en este cuadro al óleo, "El puente de las Ventas" (1934), que hemos extraído del libro "J.Solana" de Ricardo López Serrano. Allí, el autor comenta que Solana pudo fijarse en la siguiente foto de Alfonso, (Fuente: Museo Reina Sofía):


Si bien creemos que no sólo de ella, ya que el edificio a la derecha del puente lo reprodujo con bastante fidelidad. Quizá pudo ser de esta otra también, al menos para la orilla derecha del puente. Por supuesto, Solana pudo tomar apuntes del natural, pero la semejanza con estas fotos parece evidente.



En su posterior libro sobre la ciudad, "Madrid callejero", de 1923, Solana vuelve a dedicar un capítulo a Ventas donde recorre distintos bares y comercios para detenerse de nuevo en el paso de los cortejos fúnebres.

2 comentarios:

  1. Gracias Juan Luis, parece mentira que haya varias imágenes que no conocía y no sera por haber leído poco sobre las Ventas.
    Un saludo.

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  2. Gracias, en realidad a mí me ha pasado un poco lo mismo investigando esto...

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