sábado, 28 de noviembre de 2015

Un paseo por el SIMO de 1987

Hace unas semanas pudimos conseguir un completo reportaje sobre la feria de informática SIMO de 1987, en el recinto ferial de IFEMA de la Casa de Campo. Aunque parezca increíble la feria comenzó a celebrarse desde 1961 en Madrid, pero es quizá en los años ochenta, con la popularización de la la informática, cuando alcanza su esplendor.

Esta era el acceso más habitual, subiendo desde el metro Lago y entrando junto al Pabellón de Cristal (el pabellón 10).

Cartel de la feria que curiosamente reza "Prohibida la entrada a menores de 18 años". No recordaba yo esa limitación, de hecho recuerdo entrar en esa época con menos edad.

Cartel que informa de los pabellones en los que se celebra la feria, además del citado nº 10, el de Cristal, otros clásicos de las ferias como el 12, o el de la Pipa, nº 11.

El mismo plano, en "digital", aunque con la informática de entonces aún no se podía pedir mucho.

Aunque parece que ya existía un rudimentario "Cómo llegar" ;)

Ya dentro de la feria, uno de los stands, el de la mítica Investrónica. que trajo a España el  no menos mítico Spectrum.

 
Otro par de stands de diseño llamativo.

Contemplando un ordenador "gigante".

El actual Pabellón de Convenciones, entonces el nº 14.

Un catálogo de productos de la época. Según un artículo de ABC de esos días, algunas de las novedades de esa edición fueron nuevos modelos de fotocopiadora en color (qué caras resultaron las primeras), de escáner de mesa o detectores de billetes falsos.

Y el tipo de gráficos que se podían conseguir con los medios de la época.

Entonces la informática resultaba bastante aparatosa, como puede verse en esta imagen.

Y, por supuesto, podías guardar la información en los entonces habituales disquetes flexibles de 5 y 1/4.

sábado, 7 de noviembre de 2015

Historia de los Drugstores de Madrid

Los drugstores eran establecimientos en los que lo mismo podías tomarte algo que comprar todo tipo de artículos (como los actuales VIPS, pero con un ambiente más moderno). Surgieron en Madrid entre finales de los años sesenta y principios de los setenta y sus horarios alternativos (en ocasiones las veinticuatro horas) los convirtieron en locales muy populares que suponían un soplo de aire fresco para aquellos tiempos.

Antonio Olano, en su "Guía secreta de Madrid" (1975) habla de dos drugstores pioneros en la capital, uno en Don Ramón de la Cruz y otro en Marqués de Urquijo. De este último decía que "se oía música "pop", se tomaba una copa, servía para vestirse y hacer "shopping", que es la moderna e internacional forma de irse de compras". En la novela "Como la piel del camaleón", de Juan Francisco Martín Seco se habla de él como del Drugstore de Argüelles, y lo describe así: "Por fuera tenía una decoración psicodélica, casi parecía una nave espacial. Por dentro en realidad era un pub muy amplio".

El drugstore pasó a convertirse en una cafetería de la red Morrison en 1972. Arriba, anuncio de 1971 de liquidación de artículos. Abajo, el anuncio de reapertura del local, ya como cafetería.


Del de la calle Ramón de la Cruz (cuya imagen encabeza esta entrada), tenemos la suerte de contar con un detallado reportaje en un ejemplar de la revista Blanco y Negro de 1968. Allí nos indican que el local, parece que también conocido como "Pippermarket" "se compone de una cafetería, un quiosco de periódicos, una "boutique", un restaurante, un estanco y dos "boites" que funcionan desde las siete de de la tarde hasta las tres de la madrugada".

Entrada al "Pipper Bank Club", una de las boites del Drugstore con dos curiosas entradas: una en forma de caja fuerte, y otra, de puerta trasera del camión. Fuente: Blanco y Negro.


Dos imágenes del ambiente del drusgtore. Fuente: Blanco y Negro.

El artículo ironiza sobre la inutilidad de los productos y la excesiva influencia anglosajona, pero, aunque sí parece que abundaban los productos "made in England", las fotografías muestran un auténtico festín de color y modernidad para lo que era la época. De hecho se creó un ambiente en la calle (rebautizada como "Moncho street") que pretendía ser un reflejo de la mítica Carnaby Street londinense y parece que era más bien una zona de compras y diversión de la juventud de clase bien. Eso sí, con un ambiente ye-yé y psicodélico.

La boutique "Good Looks" del Drugstore. Fuente: Blanco y Negro.

Una caja de cerillas con la imagen del logo del restaurante. Fuente: Todocolección.

Un llamativo escaparate con el reloj británico, por supuesto, 
  
Como decían en "Blanco y negro", "una modelo viviente futurista".

En noviembre de 1971 se inaugura el Drugstore de Fuencarral, de los mismos dueños que el barcelonés del Paseo de Gracia, inaugurado en 1967. En ABC lo describían como "grande, majestuoso, casi extraído de las páginas de "Las mil y unas noches"". Y hablaban de un local "enorme, de 3500 metros cuadrados, con asientos y mostradores forrados en cuero, cabinas telefónicas, farmacia, modas, teatro, libros, restaurante, cafetería, estanco, papelería, bebidas, telégrafos, música ambiental y la promesa de que, al igual que su modesto antecesor [no sabemos si se refiere al de Barcelona], permanecerá abierto las veinticuatro horas del día [en realidad cerraba para limpiar una media hora a eso de las seis de la mañana]" . El artículo concluía la descripción resumiendo que era como un "Rastro de lujo".

Anuncio de la inauguración del Drugstore de Fuencarral en noviembre de 1971. Fuente. La Vanguardia.

Una imagen de 1974 procedente del libro "Madrid" de Rafael Flórez.

A diferencia de los primeros drugstores, el de Fuencarral vivirá un ambiente más transgresor. En la muy recomendable biografía de Haro Ibars, "Los pasos del caído" de J.Benito Fernández, se describe como un local que "combina librería y cafetería con tienda de regalos; es un buen refugio para los trasnochadores y un lugar de encuentro para homosexuales".

Imágenes del interior y exterior procedentes de un calendario de 1978. 

También fue un lugar de descubrimiento cultural (y de ciertas libertades). Alaska por ejemplo recuerda, aún niña, pasar las tardes de la semana de luto que hubo por la muerte de Franco en el Drugstore de Fuencarral, "mina de importantes descubrimientos en forma de discos y libros". Johnny Cifuentes, cantante de Burning, recuerda de los drugstore que "estaban toda la noche abiertos y podías beber en una especie de paréntesis legal. También servían como inspiración para escribir letras de canciones. Quedaba uno en Fuencarral y creo que ahora es un VIPS o algo así". Y de hecho, les inspiró para componer "Las chicas del Drugstore":


La "diversidad" de la clientela provocaba que, de cuando en cuando, hubiera incidentes que en el tardofranquismo tendrían su componente político o simplemente represor (en 1972, por ejemplo, hubo una redada de 56 personas después de que en los últimos días se hubieran detectado en el local personas "sospechosas"). Pero lo cierto es que el mismo Olano, en su libro de 1975, reconocía que el Drugstore de Fuencarral "ha empezado a degenerarse ya un poco". Allí ya casi no pueden entrar a comprar tabaco o a por el último "recording" de Leonard Cohen sin tener en el ánimo eso de si uno va a salir allí con vida", pero concluía "aunque luego casi nunca pasa nada"

El Drugstore de Fuencarral cerró en 1978, aunque el cine que formaba parte de sus instalaciones siguió abierto todavía un tiempo. Gracias a ese completo libro que es "Madrid y el cine", sabemos que funcionó hasta 1983 con entrada por la calle San Andrés y que en los últimos años cambió su nombre por el de Chaplin.

Anuncio de 1972 de la película ·Juegos Prohibidos" donde el Drugstore Cinema se anunciaba como "El cine más vanguardista y moderno de España". Fuente: Hemeroteca ABC.

En otoño de 1972 se inauguró a su vez el Drugstore de Velázquez. Su primer gestor (muy bueno, según Olano) fue el padre del músico Enrique Sierra, de Radio Futura. El propio Enrique trabajó allí, primero llevando asuntos administrativos, aunque acabó colaborando por la noche como vendedor. En declaraciones suyas en el libro "Alaska y otras historias de la movida", de Rafa Cervera, señala que "El Drugstore era como un VIPS, pero mucho más bestia, estaba abierto las 24h del día. Era el sitio donde por la noche se juntaban desde los periodistas de izquierdas a los guerrilleros de Cristo Rey, pasando por los gays de Madrid. Toda la gente particular que salía de noche acababa allí. Podían coincidir periodistas de El País, que entonces acababa de nacer, y ultraderechistas que incluso llevaban pistola encima".

El Drugstore de Velázquez. Fuente: "Guía secreta de Madrid" de A. Olano.

Parece que no siempre fue así o, al menos, se intentó que no lo fuera: en un curioso anuncio de 1973 que refleja el objetivo del local, se ofrecía solucionar los "problemas de verano" de los rodríguez: "Vd queda solo... y surgen cientos de pequeños problemas. Desde el almuerzo y cena diarios, hasta la indispensable pastilla de jabón, pasando por su diario preferido, la nueva "cassete", el regalo que llevará a la familia el fin de semana, el rollo de fotos o la cajetilla de tabaco. Todo ello podrá hacerlo en el inmejorable ambiente del Drugstore, Velázquez, 24". Que se podía hacer allí la vida, vamos.

Pero, como decíamos, su horario de 24 horas atrajo todo tipo de clientela mucho más noctámbula. El poeta Luis Antonio de Villena, que frecuentaba el local con el también poeta Leopoldo María Panero como parte del "circuito" de locales de ambiente gay, recuerda “que era una cueva pero era agradable”. Según decía Olano "su censo de personajes es asombroso y va desde el trasnochador al guerrillero de Cristo Rey, del mariquita tradicional e histórico al policía de paisano, pasando por una respetable galería de hampones, anarquistas, golfos, chulos e intelectuales

La difícil convivencia entre clientes de muy diferente estilo a los que sólo unía el deseo de trasnochar (en 1975 hubo una brutal reyerta entre soldados norteamericanos de la base de Torrejón y clientes españoles) empeoró aún más durante la Transición cuando grupos de ultraderecha comenzaron a provocar allí altercados con frecuencia.

En resumen, podemos decir que los drugstores de Madrid, cada uno con su estilo, fueron locales que de alguna manera se adelantaron a su tiempo. Y, a pesar de su importancia como símbolo de una época, no queda mucha documentación sobre ellos, salvo esta que hemos podido rescatar y ojalá pueda completarse.